Pedófilos y Asesinos en Serie






En aras de informale al lector de los personajes que marcaron la historia por sus abominables actos de maldad y terror, les presento una lista que seculariza estos asesinos en serie dependiendo de su motivo para matar.





Columna de opinión:
Animales de instinto: 
 El lado oscuro de la sociedad

La verdadera locura quizá no sea otra cosa que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca” Heinirich Heine (1797-1856) Poeta y psiquiatra alemán.

Desde el siglo XX la locura se ha definido como el comportamiento en contra de las normas establecidas, o incluso la desviación de éstas mismas. Por ende, hoy en día para muchos la locura puede significar tan solo una palabra coloquial, para otros es el karma o estigma con el que tienen que sobrevivir a diario o finalmente, otro grupo de personas simplifican su definición a una enfermedad o trastorno mental, pero en realidad la locura puede ser un término utilizado de manera libre para excluir o secularizar a determinadas personas de un grupo en el cual se autodenominan cuerdos y razonables.

No obstante, perturbaciones mentales como la esquizofrenia o la erotomanía (esta última hace creer al afectado que otra persona se encuentra enamorado de él hasta llevarlo a su máximo punto de obsesión) desafían el cuerpo médico y científico de la actualidad debido a que estos intentan buscarle una explicación a la conducta irrazonable de múltiples asesinos en serie y pedófilos en potencia. Aunado a esto, existen otros estudios como la anti-siquiatría que deja en evidencia la poca coherencia o contenido de ciertas teorías médicas y como resultado nos hace cuestionarnos si ¿Serán estos problemas científicamente dictaminados la causa por la que estos individuos suelen asesinar?

Muy posiblemente no hay locuras innatas, sino medios y circunstancias que  favorecen llegar a estos límites, como lo dijo Lombroso (psiquiatra italiano) haciendo más énfasis a la actividad criminal donde afirmaba que de una forma u otra forma todo asesino tiene su índice de locura marcado en la mente y razonamiento misérrimo. Adicionalmente la sociedad crea un vacio para este personaje y lo aparta de todo contexto agravando su condición. Es decir que de alguna forma la sociedad determina la naturaleza y el sesgo de una persona, delimitando sus actuaciones ya sea bien con escalofrías experiencias evidenciadas en algún momento de sus vidas o con el constante rechazo que fractura la integridad de las personas, produciendo en ellas un sentimiento de rencor hacia el mundo exterior.

Finalmente, es importante aclarar que ninguno de los actos brutales cometidos por estos asesinos pueden ser vistos como justificables; pero a mi punto de vista, creo que la sociedad debe dejar los prejuicios sociales y observar que por el afán de cultivar riqueza y creencias que sólo son verídicas y aceptables en una sociedad como la nuestra, es decir, estigmatizada y secularizada con aquellos que son débiles y diferentes, el hombre ha trasformado su propio razonamiento y existencia. Es decir, estamos día tras día trabajando en la creación de locos para vivir en una sociedad en donde un cuerdo no podría subsistir.


Los asesinos en sere más famosos


Esquizofrenia


Esta puede ser la razón médica por la que muchos asesinos acosadores pueden pasar días y noches planeando como matar a su víctima, sin embargo, aquí tenemos otro ejemplo de asesinos.





El clímax de mis más perversos deseos, Garavito.

Luego de una noche llena de pesadillas, estoy aquí, mirándome frente al espejo de mi cuarto, o mejor aun, de mi pequeña y sucia pieza. Deslumbrando cada centímetro de mi cuerpo y admirando mi sonrisa que cautiva y engaña. Son aproximadamente las 9:00 am y salgo de mi casa hacia la calle, con un sol que ilumina el último rincón del mundo y que llena de vida a las personas. Un sol perfecto para desayunar e idealizar mi próxima victima. La gente puede pensar que no soy nadie o incluso muchos ignoran la existencia, la presencia y la realidad de seres que habitamos como amantes de la noche y que en los lugares más ocultos hacemos verdad nuestros pensamientos más perversos.
Luego de permanecer horas sentado en el parque central de este pueblo, que al mismo tiempo es infierno, veo niños corriendo por  todas partes, como hormigas que trabajan sin descansar, mi concentración se desvía un poco por un segundo y penetra la mirada de ese infante, ese niño que trabaja bajo el impetuoso sol  vendiendo golosinas. Es entonces cuando mi mente juega de manera inoportuna con mis deseos, me lleno de sensaciones que se trasportan con una fugaz velocidad y que me claman a gritos la droga a la que hace un tiempo atrás me ha derrotado y que todavía no he encontrado la forma de saciar, violar, maltratar y asesinar.
Su inocencia significa para mí un arma que no tiene pierde y siempre aniquila a la víctima. Él sonríe y es atrevido al llamarme “Señor”, yo toco su rostro con una tenue caricia para sentir su suave piel. Minutos después invito a Andrés (así se llamaba él) a comer un helado, a brindarle un poco de experiencias nuevas. Andrés acepta sin problemas, él cree en mí y en mi sonrisa. Ahora mi mente perturbadora explota, se llena de deseos, de maldad, de ansias y de un conjunto de imágenes que llegan a mi mente para recordarme que nada de esto es nuevo, y que Andrés será otro más en la lista.
Acompañado de Andrés, llego a un lugar escondido y secreto, tengo claro que llegó el momento de mostrar el hombre que realmente soy. Luego de un juego de sonrisas “inocentes” quiero lograr el clímax de mis aspiraciones más pérfidas. Quizá para Andrés el tiempo pase muy lento, pero para mí es un momento fugaz.
Llenas mis manos de tierra, seis horas después de haber saciado mi ser, solo me queda por despedirme de él y dejarlo enterrado vivo. Ahora iré en busca de mi próxima víctima.

By Cindy Rodríguez

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